Tres elementos caracterizan la conciencia: la inocencia, la embriaguez y la insensatez. Estos términos están sujetos a las costumbres bohemias dignas de Baudelaire, a la pureza de un recién nacido, o a la nefasta maldad de un leviatán, que se retomarían para acercarse a las emociones demarcadas en Demian.
Primero la Inocencia: la ingenuidad, la simplicidad al pensar, de la tranquilidad al respirar. Es inocencia, sumisión, desprendimiento de la carga de un mundo inestable, es paz. Cuando cada quién ha mantenido la mente pura en el mundo, y ningún suceso la ha distorsionado en lo mínimo, no hay angustia de lo malo, solo entereza.
Segundo la embriaguez: de la exaltación, el libertinaje, lo ambiguo, contrastando lo hedonista y estoico. Del despertar de una represión mental, donde el mundo ya no es el mismo visto en la ingenuidad, pasando paulatinamente a la insensatez. Con pequeños usos de una copa como instrumento, donde se busca desvanecer angustias, problemas. Donde el alma aclama o simplemente la vaguedad por realidad un acto tan latoso, como lo vemos en Sinclair en alguna época de su vida.
Tercero la insensatez: la discordia, el odio, la simple ruina, el tedio, lo malsano del diario respirar, por los arrumes de situaciones corrosivas para sí. Donde ya el alma se ha consumado por los vicios de su entorno.
La conciencia en sí pasa de estar en un reposo de esfuerzo mental, a un desequilibrio y transición intelectual. La conciencia inocente comienza a desprenderse de su dependencia y observa sensaciones distintas, en una embriaguez y libertad de ideas que comienza transmutar al ser, como a Sinclair le sucedió en su mediano desenfreno.
El proceso de convertir la conciencia, a una “insensata”, no solo comprende de abordar muchos temas a la vez, simplemente es un proceso sumamente difícil.
Para llegar a la embriaguez de ideas, donde la conciencia se ve directamente afectada, se debe distribuir paulatinamente como vino en una copa. Los libros y grandes pensamientos generarían un desglose de pensamientos para aquel que se está transmutando.
Así vistas las cosas, las transformaciones vividas por Sinclair, hacen de él un hombre distinto que no ve las cosas de una manera elocuente sino con ese más allá de lo que puede suceder. Aquel niño no ve las cosas con esa inocencia, sino que mantiene el desborde de ideas por medio de lo que puede suceder en un después, embriagándose en un mundo de ideas donde él ve como guía a su gran amigo Demian.
El sentido final que toma el texto conlleva a identificar cada uno de los pasos que afronta el adolescente en medio de un mundo donde la influencia determina lo que será de él. Por eso a medida que descubre un nuevo paso o quizá un atajo en la vida, se choca con obstáculos que fomentan su crecimiento y desarrollo.
La vida, en un campo turbio y distorsionado, donde se enfrasca la luz y la oscuridad, se aprecia el cambio de las conciencias a una tendencia única o bilateral en estos polos, donde quizá el desenfreno o la insensatez sea parte de la solución para decidir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario