jueves, 26 de abril de 2012

Vagas Reflexiones De un Lóbrego Caminante

La majestuosidad del cuerpo permite que sea extensión de nuestra mente, acoplando los más intrínseco de la esencia de cada quien, provocando una resonancia entre alma y cuerpo supeditada entre sí para lograr el conocimiento acerca de la vida de la cual se posee y del camino a elegir, ya sea el sombrío o el de la luz para mantener un equilibrio de ensamble.
La enorme aura  de la esperanza debería  impregnar todo lo móvil con y sin vida, hacer que los relojes sean  olvidados por su oficio y  la ansiedad por la métrica del sustento y la monotonía de los individuos se pueda desvanecer en una sonrisa cargada de libertad y desprendimiento del lastre emocional provocado por la mirada del vulgo.
Mentir es el arma, herramienta, o el instrumento que hace marchar el grotesco mundo de las vicisitudes macabras  de la “humanidad”, y de las intenciones individuales de cada quien  ya sea para bien o para mal;  donde la palabra más que recurso para la comunicación, es la clave y el pilar de la construcción de la información, la deidad máxima en un mundo de respuestas e expectaciones.
El odio es la pureza en la naturaleza, ha preexistido en la información codificado de muchas maneras y es tan complejo y maravilloso que la simplicidad de esta palabra no existe, y el desorden que puede provocar es nulo, sus efectos son exactos y precisos; la caótica idea del amor complica la estabilidad de los demás conceptos y genera entropía.
Por último, el abandono de si mismo para lograr un control sobre el alma y el dominio sobre los sentimientos, es un sacrificio mortal y necesario para la imparcialidad.