domingo, 26 de febrero de 2012

Mi última letanía

Las luces, el humo, la aridez  y la muerte extravagante que pulula en cada rincón de las  angostas calles son el alma de las mentes colectivas, domando al mismo mal y  sosteniendo las riendas de la bestia infernal llamada avaricia, característica "humana" de los humanos. Que angustiosa situación, saber que las bípedas y rosadas alimañas se desgarran vorazmente unas con otras no físicamente, sino por medios hipócritas y letradas trampas en contratos y en consensos en presencia de la  infame naturaleza  saliendo a flote. El mañana no será azul si miro arriba ni verde si miro al horizonte y mucho menos transparente si pierdo la mirada en el vacío; será más caótico que los infiernos de Dante, y esto será justo. No ruego por las almas despellejadas en las fauces del averno, porque el propio averno es este que se pisa a diario; ruego por  el odio, el sentimiento raíz del   motor de la historia, que logre consumar las lóbregas almas del baldío de lo que se llamó hogar y finalmente la pacificación de la "humanidad". Ruego para que el sufrimiento de quienes amaron realmente con el alma y corazón sea poco o nulo. 
Ruego ferozmente con impaciente amargura y con mediocre esperanza, morir frente a un espejo, para ver  mi rostro con una leve y perturbada sonrisa la satisfacción de servirle a mi mundo con mi desaparición.

                     "Un pensamiento forzado se convierte en una creencia"







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