El destierro de una inmensa cantidad de ideas y voluntades, que han salido a la luz, durante una corta edad, con un sin número de emociones que han sostenido la misma existencia, me permitirá despojar mi alma de recuerdos errantes y disyuntivos con mi pensamiento aturdido y aún no manifestado en su esplendor. Sin ánimo de entristecer, ni de opacar siluetas, remonto este escrito a una sola razón, la expiración de mi esencia y la creación de un nuevo pensamiento, libre de ataduras y de vicios, expuestos por un entorno. Al olvido de mis tormentos y también de mis sentimientos, para crecer en mis propósitos. Antologías del pasado atestiguan mis fracasos y desaires, intentos desesperados por determinar mi futuro, que a fin de causas no fueron fructosas. Me despido, abandonando el plano terrenal y a permanecer en una llamarada abrasadora de lamentos desgarrantes, patrocinados por una lluvia turbia de melancolía.
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